El todoterreno

El siguiente texto nació en septiembre como homenaje velado a Sabina y está en proceso de metamorfosis. Por supuesto, no logro intuir en qué se convertirá… Puede que se descomponga y desaparezca. Puede que llegue a mariposa. En cualquier caso, aquí lo dejo, como el cielo de Tranströmer, a medio hacer:

El todoterreno

Felicidades, cazador, relájese en el spa. El circuito consta de pediluvio, baño turco, hamman, ducha escocesa, jacuzzi, fuente de hielo y sauna. Peeling corporal. Y masaje al candor de una vela. Desea una copita de cava o prefiere, tal vez, la especialidad de la casa: un happy end a la cubana. Si el caballero cambiase de parecer, no dude en comunicárnoslo. El todo incluido ofrece estos privilegios, pero no conviene abusar: A mí me gusta el bistec poco hecho, jugoso, un sabor equilibrado. Felicidades, matador, luzca trofeo y rifle en el gimnasio. Impala, cebra, hipopótamo, kudú, cocodrilo, jirafa, lince, rinoceronte. Muestre en su iPhone ese canguro que fusiló en el culo del mundo. Felicidades, encanto. Ejecute también al revisor y coméntele al fiscal que los pensamientos no se disponen en fila india ni entienden de formación militar. Se aglutinan, se amontonan, se descomponen. Recuerde a Sabina. Felicidades, Sabina. No pisa un spa, pero está abonado a la ruta de los putipubs: Su libido no caduca. Recuerde a Begoña follándose a adolescentes que conoce en foros exclusivos de internet. Felicidades, Begoña, sigue usted la máxima de la conciencia todoterreno: Sobrevivir y salir indemne. El todoterreno. Un Mercedes GLE. Un Bentley Bentayga. Un Porsche Cayenne. Un Range Rover Sport asegurado a todo riesgo. Felicidades, conductor, bienvenido al gabinete. Por qué no asistió al funeral de su suegro. Bien. Sea preciso a la hora de mentir. Inténtelo. Te quise tanto, Amalia. Y sin embargo, ahora únicamente te compadezco. Ni tan siquiera conservas la belleza. Pruebe de nuevo. Amalia, cielo, te queda tanto lastre por soltar. Por qué no empiezas por tu orgullo y reconoces que para ti solo fui un saco de estiércol, incluso en la dulzura. Una vez más. Así eres tú, Amalia: Inteligente, lúcida, mordaz y dueña de un corazón que no te cabe en el pecho. Felicidades, campeón. Pero no olvide que la enumeración aséptica de sus bondades debería incluir una pátina sentimental. Además, es conveniente que se decida: Viuda negra o mantis religiosa. No tema, en todo caso. El sastre le preparará una condena a la medida de su cartera. El amasijo. Recuerde a Gonzalo regocijándose de las miserias de su familia. La fila india. Tras Amalia, Laura. Cambio de piel y de conciencia. De rifle. De todoterreno. Como Sabina. El pellejo del coño de su mujer por el culo gordo de una mulata. Como Begoña. Como Gonzalo. Felicidades, triunfador. Asómese a ese espejo y admírese. Sotogrande, Montecarlo. Los safaris. El spa. Laura. Sus pies fríos acariciando los suyos bajo las sábanas. El amor, el dinero. El todoterreno. La vieja historia de la dama y el vagabundo.

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