Padre Illán (las moscas)

Me niego a alimentarme de papilla artística. El arte debe conmover, conmocionar, invitarte a pensar. No es un deber, en realidad, ni siquiera una cuestión de principios. Pero qué necesidad tiene el arte de reproducir discursos caducos o, aun peor, completamente huecos. Prefiero el arte que hace preguntas al que ofrece respuestas. Ese arte valiente e inteligente de tipos como Jaime Rosales, Ruben Östlund, Magnus von Horn o Ulrich Seidl. O ese otro arte que nos llega del sur, el de Pablo Larraín. Especialmente El club (2015) se ha quedado bien arraigada a mis entrañas. De ahí no se mueve, ni de mi cabeza. El relato que os presento bajo estas líneas surge del impacto que me produjo esta endemoniada película chilena. Os dejo con él y con una foto de Carlos Montes, un artista que no se corta si su intención es cortar, un amante del arte, de todas las artes. Un amante de los de verdad.

Carlos Montes

Padre Illán (las moscas)

Las moscas durmiendo en tu boca. La palabra de Dios. Las moscas aleteando bajo tus párpados. Tu cuerpo orondo como un suculento pastel de carne, Padre Illán. Tú, que quitabas el pecado del mundo en el sotabanco de la rectoría. Tan aseado, tan bonachón. Padre Illán, Padre Illán. Recuerdo que libé tu glande por primera vez un Miércoles de Ceniza. Ahora solo las moscas patean tus testículos. Las moscas de la Cuaresma. Las de Pentecostés. La tentación, la penitencia y aquella enumeración capital del Papa Gregorio Magno: Lujuria, Pereza, Gula, Ira, Envidia, Avaricia, Soberbia. Padre Illán, no se trata de aplastar gusanos, sino de predicar la palabra de Dios, decías. “Y su perdón es el amor”. Tus manos, tus labios, el recto de mi ano. Todo es amor. La Carta de San Pablo a los Corintios, el silencio de los corderos. Tu falo. El Papa Francisco: Lujuria, Lujuria, Lujuria, Lujuria, Lujuria, Lujuria, Lujuria. Las moscas de la lujuria. Extasis, Salvación. Incluso en el pecado, Padre Illán, incluso en el Amor. Bendice tu semen y no blasfemes ni supliques que te redima. Los Santos Inocentes admiramos tu benevolencia. Tu Fe. Descansa en Paz, Padre Illán, maná para moscas famélicas, santísima sangre de Cristo.

 El amante compone esta elegía al encontrar el cadáver del sacerdote tendido en el suelo de la sacristía. A modo de homenaje póstumo, se arrodilla junto al difundo, se aferra a su pene y lo agita en busca de una última erección que nunca llega.

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