Delitos clásicos

Jesús Proyector

Los gatos duermen en el sofá mientras termino de ver El soborno (John Cromwell, 1951): Robert Mitchum desmantelando a unos cuantos mafiosos. Un par de noches antes revisé Hombres errantes (Nicholas Ray, 1952): Robert Mitchum haciendo pasta de rodeo en rodeo. La vi en sesión doble junto a El salario del miedo (H.G. Clouzot, 1953), en la que no actúa Mitchum pero sí Yves Montand transportando un cargamento de nitroglicerina. Los gatos también dormían aquella noche en el sofá. A ellos no les gusta el cine, más allá de algunos documentales de animales y ciertas películas de animación. Yo cada día disfruto más del clásico, sobre todo cuando hablamos de películas tan modernas como las citadas o como L’Atalante (Jean Vigo, 1934), El incinerador de cadáveres (Juraj Herz, 1969) o Salome (Charles Bryant, 1923). Lo anoté en el diario: “aprender de los clásicos a ser moderno”.

En otro orden de cosas, aunque Lo que queda aún no ha encontrado su hueco en los festivales nacionales, continúa su andadura por el circuito internacional: El próximo fin de semana se exhibirá en el Red Rock Film Festival (Utah, EE.UU.) y en el Festicini, Festival Internacional de Cinema Independente (Sao Paulo, Brasil). No todo lo que pisamos son arenas movedizas.

P.D. A cuento del galardón en el DEA, me entrevistaron en La verdad. Aquí dejo las pruebas del delito.

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