Lo que queda, Mejor Película en Picknic Film Festival

No es tan común premiar a unos verdaderos desconocidos, pero a veces sucede: ¡Lo que queda, Mejor Película del diez Picknic Film Festival (Santander)!

Allí, en Santander, en septiembre, hace exactamente diecisiete años conocí a Lucas. Hablamos de cine, por supuesto, pero hablamos poco. Con los años la amistad cuajó y también las colaboraciones. Hoy, de alguna manera, se cierra un círculo con este premio, aunque los círculos no dejan de girar.

El camino continúa

banner lo que queda

Cinergo International Film Festival (Grecia) nos premió a la Mejor Dirección y a la Mejor Fotografía por Lo que queda. De esto hace un par de meses. Desde entonces la película ha pasado por Scandinavian International Film Festival (Finlandia), Trinity International Film Festival (USA), Picknic Film Festival (Santander) y tiene pendientes Paraná Internacional Film Festival (Argentina), Militello Independent Film Fest (Italia), South Texas International Film Festival (USA) y Seoul International Film Festival (Corea del Sur) hasta finales de septiembre. También se proyectó en el cine de verano del Ateneo socio-cultural “Viento del pueblo” de Orihuela hace un par de semanas. Lo anoto a modo de lista, para que no se me olvide. Pero  me detengo y soy consciente de todas las cosas buenas que le están pasando a la película.

Dejo el enlace a una noticia que da cuenta de lo sucedido en el diez Picknic Film Festival. ¡Qué cine tan especial el Groucho! De repente, también nos quieren en la península.

Julio y Santiago


julio y santiago

Hoy se ha presentado la revista Julio y Santiago, en la que me han publicado un artículo memorístico, “Recuerdos en Tecnicolor”. Rescato un fragmento:

“Mis tardes en el Mendoza llegaron tarde, bien entrados los noventa, pero siguieron hasta el To be continued final, cuando se convirtió en VideoBox, el último bastión del cine de videoclub. Del Mendoza conservo esa pequeña joya que era su carnet de socio: la reproducción en miniatura del cartel de Casablanca. Las tertulias cinéfilas de VideoBox también las guardo para los restos. Me habría gustado ver Lo que queda descansando en alguno de sus estantes, pero la era digital ha ido arrasando con todo lo que la precedió”.

Hoy me reencontré, además, con Guillermina. De ella también hablo en el artículo. De su quiosco, en el que dormían los héroes del celuloide que admiré en mi adolescencia. Hacía años, al menos quince, que no la había vuelto a ver. El reencuentro ha sido breve pero emotivo. Necesario.

Podgorica, Butte, Madeira, Bayamón

Lo que queda viaja a Dzada Film Fest (Podgorica, Montenegro), antes habrá pasado por Covellite International Film Festival (Butte, Montana, EE.UU.), y después aterrizará en Cinergo International Film Festival (Atenas, Grecia). Un viaje inesperado. Punto y seguido a una serie de festivales que la acogieron en primavera: Festival Internacional de Cine de Bayamón (Bayamón, Puerto Rico), Las Cruces International Film Festival (Nuevo México, EE.UU.), Felacos (Santiago, Chile), Madeira Fantastic Film Fest (Isla Madeira, Portugal), Valle Film Fest (Valle, México), Craft Film Festival (Barcelona), Unrestricted View Film Festival (Londres, Reino Unido). Un paseo por el mundo con broche de oro: Mejor Película en Felacos.

Craft'19

No sé si dije cosas que igual no debería haber dicho, pero aquí queda “¿Qué hacer cuando la película está acabada?“, la mesa redonda en la que participé en el Craft Film Festival, junto a Manolo Munguía, David Kumada, Pattie B. Clapés y la dupla Casas-Pintó. Y aquí el coloquio que tuvo lugar en la Librería Codex sobre “Un cine verdaderamente independiente”, junto a Lucas Parnes, Fernando Alonso y Carlos Escolano.


Mayo ha sido, una vez más, un mes de estrenos gracias a la XXXIII Muestra Comarcal de Teatro Escolar “Ciudad de Orihuela”: Nueve obritas esta vez, la coordinación de la muestra y un recuerdo continuo. Sigue la tradicional foto de familia:

muestra'19 Me quito el cráneo ante ellos.

No siempre sucede

He recibido la carta de un poeta que ha leído Velódromo. Me habla del discurso ético y comprometido con la condición del ser humano de mi obra, de la gravitación estética del lenguaje utilizado, “abierto, atento tanto a lo vertical como a lo raso”. Comenta el vitalismo de los textos, pese a sus zonas oscuras, e insiste en el sentido del humor que tamiza el sentido trágico de mi escritura”. También escribe algo sobre la “deliberada búsqueda de la frivolidad y el artificio ante la imposibilidad de toda certeza”. Agradezco sus palabras, y las comparto desde el anonimato. Me quedo, además, con lo que se infiere: Se ha detenido en el libro, más allá del pezón velado de la portada. No siempre sucede.

El veintisiete

Luna

Estos días he vuelto a La generación del 27 desde dentro de Juan Manuel Rozas, una selección ordenada de ciento cincuenta y dos textos y documentos escritos por los propios protagonistas del veintisiete, que nos acerca íntimamente a dicha generación y a su forma de entender el mundo, el arte, la literatura, la vida. Rozas cede la palabra a los propios autores del veintisiete, para que se expliquen a sí mismos como generación, y otorga al lector la responsabilidad de desarrollar, hilvanando, el guion que une los textos. Tiende un puente entre ambas generaciones, la que escribe y la que lee, evocando, sugiriendo. Esta antología crítica te invita a pensar y a amar. Por eso vuelvo a ella, porque no hay nada más preciado para entender a un autor -o a un movimiento artístico, generación, etc.- que su propia obra. Y esto, a veces, se nos olvida.

Sobre lo mundano:

  • Lo que queda se proyectará en la Lonja de Orihuela, enmarcada en unas jornadas de cine independiente local.
  • Lo que queda viajará rumbo al Central Alberta Film Festival de Canadá y rumbo al Festival Multicultural “Psicodália” de Brasil.
  • Polvo de Hadas participará en la VI Muestra “Cinema Paniso”, un rescate del olvido en toda regla.

Dejo el enlace a un diario que habla de esto último.

Delitos clásicos

Jesús Proyector

Los gatos duermen en el sofá mientras termino de ver El soborno (John Cromwell, 1951): Robert Mitchum desmantelando a unos cuantos mafiosos. Un par de noches antes revisé Hombres errantes (Nicholas Ray, 1952): Robert Mitchum haciendo pasta de rodeo en rodeo. La vi en sesión doble junto a El salario del miedo (H.G. Clouzot, 1953), en la que no actúa Mitchum pero sí Yves Montand transportando un cargamento de nitroglicerina. Los gatos también dormían aquella noche en el sofá. A ellos no les gusta el cine, más allá de algunos documentales de animales y ciertas películas de animación. Yo cada día disfruto más del clásico, sobre todo cuando hablamos de películas tan modernas como las citadas o como L’Atalante (Jean Vigo, 1934), El incinerador de cadáveres (Juraj Herz, 1969) o Salome (Charles Bryant, 1923). Lo anoté en el diario: “aprender de los clásicos a ser moderno”.

En otro orden de cosas, aunque Lo que queda aún no ha encontrado su hueco en los festivales nacionales, continúa su andadura por el circuito internacional: El próximo fin de semana se exhibirá en el Red Rock Film Festival (Utah, EE.UU.) y en el Festicini, Festival Internacional de Cinema Independente (Sao Paulo, Brasil). No todo lo que pisamos son arenas movedizas.

P.D. A cuento del galardón en el DEA, me entrevistaron en La verdad. Aquí dejo las pruebas del delito.

Nuestro primer cabezón

saranda1

Lo que queda ha obtenido el trofeo a la Mejor Película (Feature Film Competition) en la quinta edición del DEA – Open Air International Film Festival de Saranda (Albania): Ya tiene su primer cabezón. Tal cual. Antes participó en el 27th Chichester International Film Festival (UK). Y aún antes formó parte de la sección oficial del I Festival Internacional de Cinema Pedra Azul (Brasil), en el que obtuvo nominaciones a varias categorías y el trofeo “Rota do Lagarto” al Mejor Guion de largometraje. Tres nuevas coordenadas que permiten trazar un camino, el de los festivales: Mammoth Lakes, Pedra Azul, Chichester, Saranda…Y en octubre: el Great Western Catkills International Film Festival (New York, USA). Mientras llega, le sacaremos el brillo al cabezón.

Dejo unos enlaces a medios que recogen todo esto como si fuera noticia: La tribuna de AlbaceteLa verdad, Albatera Actualidad, Diario de la Vega. Y, como curiosidad, la noticia en medios albaneses: Koha, Arbresh, SotNews.

saranda3

Entre Chéjov y Rosales

Tengo claro el cine que me gusta y el que no me gusta. Me gusta el cine que me sorprende y el que se viene conmigo a casa. Unas horas, unos días. Ese cine que se queda a vivir en mi salón y en mi retina. No me gusta el cine envuelto en papel de artificio. Me aburre, me hastía.  Procuro evitarlo. Entre el gusto y el disgusto hay otro tipo de cine, la mayor parte del cine que veo, películas que me habría gustado que me gustasen más, pero que se quedan a mitad de camino. No sigo modas ni creo en cánones, más allá de este criterio: el cine que me gusta, el que no me gusta y el que se queda en medio. No es algo nuevo, por otra parte, pues ya lo dijo en su tiempo Chéjov: “Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan”.

Dicho esto, me gusta el cine de Jaime Rosales. Arriesga y suele ganar. Por eso leí El lápiz y la cámara, en busca de los cimientos de sus imágenes. El ensayo es valioso y controvertido. Me gusta, por supuesto. Y me disgusta también. No puede ser de otra manera. Su nota liminar es toda una declaración de intenciones: “No es posible vivir sin contradicciones. A lo largo de este libro espero caer en varias incoherencias. […] Tal es nuestra naturaleza profunda: contradictoria. Eso no exime a una persona o a un autor de cierta responsabilidad hacia sí mismo y hacia su trabajo. […] No todo vale ni tampoco todo puede ser completamente coherente”. Firmo debajo y sigo leyendo. Habla del cine por dentro y por fuera, del artista y del artesano, de la humildad y la tenacidad que debe tener un director de cine, de su desnudez, de la necesidad de crear obras claras y misteriosas a un tiempo, lúcidas e intuitivas. Habla de la importancia del espectador como centro de los pensamientos del creador cinematográfico: un enemigo a conquistar. También habla de otras cosas, que seguramente olvide antes porque me interesen menos o porque comulgue menos con ellas. Me gusta, sobre todo, esa idea suya del cineasta existencial -no tanto la del celuloidista-, del cine como la vida. Vivir. Rodar. Vivir rodando. Y más que nada, me gusta que me guste este ensayo suyo tanto como su cine.

Lo que queda en el MLFF’18

El estreno internacional de Lo que queda se produjo el pasado 26 de mayo en el Mammoth Lakes Film Festival (California, EE.UU.).

No me apetece hacer una loa al festival con infinitas palabras de agradecimiento, aunque eso me salga cada vez que me siento frente al ordenador. Tampoco pretendo publicar un texto aséptico y vacío de impresiones y sentimientos. En todo caso, me gustaría evitar el lugar común, tan presente en Facebook, Twitter e incluso en periódicos de tirada nacional. Y publicar algo que pese, aunque nada de lo que publique pese lo suficiente.

2018-06-19 07.22.38

La realidad es que Lo que queda se ha estrenado internacionalmente y que el MLFF es un festival casi recién nacido pero maravilloso, enmarcado en las montañas nevadas de California. Allí nos fuimos y allí nos encontramos con diversos cineastas de medio mundo que traían, como nosotros, su película bajo el brazo. No me parecieron malas películas las que vi, sino todo lo contrario. Disfruté, particularmente, con Recharge de Christopher Meyer y con Fort Maria de S. Cagney Gentry y Thomas Southerland. Tower. A Bright Day de Jagoda Szelc ganó merecidamente el premio a la mejor película internacional. Por otro lado, es fácil predecir que Jerry Carlson tenga una larga y exitosa carrera cinematográfica, su Shadow Animals así lo atestigua.

De Mammoth Lakes nos traemos unos cuantos buenos amigos. De California, además, vuelvo con una grata impresión. No esperaba disfrutarla tanto. No, al menos, de esa manera. EE.UU., al fin y al cabo, solo suponían para mí unas coordenadas más en el mapamundi. Ni siquiera su cinematografía me ha interesado en exceso. Pero un país que oscila entre Obama y Trump, definitivamente no puede dejarte indiferente una vez que has cruzado sus fronteras. Y así fue, me sorprendió. Para bien. Para volver. De hecho, ya estoy de vuelta leyendo a Joan Didion y revistando algunos de los clásicos básicos del western americano: Fort Apache, Duelo al sol, El árbol del ahorcado, Cielo amarillo. Esta última, de William A. Wellman, es oscura y maravillosa.

Aquí dejo una nota de prensa que recoge nuestro paso por el MLFF’18.

PD. Por cierto, también en mayo pero antes de acudir al festival presenté un total de nueve obritas en la XXXII Muestra Comarcal de Teatro Escolar “Ciudad de Orihuela”. Tal vez sea un buen momento para ir recopilando algunos de los manuscritos y editar una suerte de libro.