Adón, Donnellan

El silencio ha sido prolongado. Estas últimas semanas, sin embargo, he estado inmerso en dos experiencias de esas que te dan la vuelta por dentro.

[Sobre «Verano en Gavina»] Da comienzo con el relato de la adolescencia y el eterno retorno plasmado en el símbolo del carrusel llamado de la memoria. Mai, una mujer aburguesada, ocasionalmente infiel, piensa en un amor de juventud, ya lejano, Cruz. El misterio, o paradoja, ya se sabe: un amor satisfecho, con el tiempo, puede acrecerse o menguar, pero un amor no cumplido puede ser eterno. […] El sueño del reencuentro lo da una canción de Los Secretos, Pero a tu lado, que dice: “ya no persigo sueños rotos, los he cosido con el hilo de tus ojos”.

Durante el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro asistí a un taller de dirección de actores impartido por Declan Donnellan y Nick Ormerod, a quienes admiro desde hace un par de décadas. Para ellos, como para Rodari y para tantos otros maestros, la imaginación es innegociable: me reconozco en esa máxima. También insistieron en que se debe vaciar al actor de cualquier tipo de significado preconcebido. Esta idea, pasadas las semanas, me sigue golpeando: vaciar, vaciar, vaciar, vaciar… Pero quizás el mayor aprendizaje sea el que remite a lo más sencillo y esencial: no te olvides de mirar y escuchar, regresa al bebé, vuelve a mirar al mundo por primera vez. Imprescindible.

Una lectura pausada de De bestias y aves, de Pilar Adón, te invita a quedarte en Betania y a no tratar de descifrarla. Hay algo en la escritura de Adón que te obliga a leer de nuevo, a desconfiar de cualquier atisbo de certeza. Quizás tenga que ver con su forma de trabajar las historias desde la omisión y el extrañamiento: retirar explicaciones, dejar huecos, confiar ciegamente en un lector que habite el vacío del relato, que dude, que lo reescriba.

El silencio ha sido prolongado, pero la acción no ha cesado: La araña no termina, estrenada durante la primavera de 2025, es probablemente mi trabajo como director de escena que mejor dialoga hoy con todo esto. Un trabajo previo, Cinco incendios, ya contenía, sin saberlo, esta misma intuición: vaciar al actor para llenar al espectador. Adón, Donnellan y lo que viene.